Opinión

Un algoritmo para crecer

Hagan memoria. ¿Recuerdan la última vez que un punto de vista les arrancó un ‘no’ dentro de su cabeza? En caso afirmativo, y sobre todo si este fenómeno se ha producido recientemente, les doy la enhorabuena. En caso contrario, quizá deberían revisar la comodidad intelectual en la que inconscientemente se hayan instalado.

Cubierto por una capa de polvo, hojeé hace poco uno de mis libros de cabecera. Tras pasar un buen rato navegando por la red, un impulso me llevó a abrir sus tapas. En Un mundo sin ideas (Edic. Paidós), Franklin Foer, exeditor de la centenaria revista The new republic, alertaba de los peligros de la dictadura del algoritmo para el debate social.  

En una jugada maestra, las grandes tecnológicas han encontrado en este ente etéreo, potente y ampliamente desconocido la manera perfecta de aumentar sus ingresos. ¿Cómo? Haciendo que pasemos más tiempo con el ‘cacharrito’ en la mano. Se trata del llamado ‘filtro burbuja’, un término del ciberactivista Eli Pariser que responde a por qué tu timeline de Twitter o las búsquedas que Google te recomienda cada vez se acomodan más a tus creencias, a tu forma de ver el mundo.

Las apps de varias redes sociales, en la pantalla de un smartphone/Pixabay

Nada tan simple como eliminar la disidencia al aislar a los usuarios en su propio sesgo con contenidos que les sean fáciles de digerir. Un articulito propuesto por el algoritmo que reafirme mis creencias y a dormir. La falta de tiempo y el hastío general ante la posmodernidad crean el caldo de cultivo idóneo para que esta estrategia de negocio funcione. Coincidimos en que es brillante, ¿no?

Sin embargo, nos llega el turno de responder. De mostrar nuestra altura como ciudadanos, una vez advertidos de la capacidad de estas empresas para acotar el pluralismo en razón de su beneficio. Ellas juegan sus cartas. De lo contrario, la polarización de posturas agrandará una brecha social muy poco recomendable en tiempos tan difíciles como los que se avecinan. Tocará pactar, ceder, consensuar o aceptar e intentar comprender, según se sea dirigente o dirigido, tras la tremenda sacudida que nos ha pegado la Covid-19

Así que ya lo sabe: clique en enlaces que nunca pensó abrir, siga en redes a medios y comunicadores que le provoquen dolor de cabeza, defienda su punto de vista con respeto y esté abierto a matizarlo. En definitiva, intente comprender, al menos, por qué el otro piensa como lo hace. Empatice. Ganaremos todos.

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